Mi eterno maestro
La vida y el dolor, eternos maestros.
El dolor en mi vida ha sido mi mayor maestro. Me tocó la puerta a muy temprana edad y no me soltó jamás, porque sabía que sería una eterna aprendiz. Gracias, dolor, por sacudirme de una forma en la que fue inevitable para mí mirar hacia adentro, pues eso me permite amar a otros con intención, perdonar eso que me ha dolido y aprender a agradecer en medio de las adversidades.
Dolor, no eres mi enemigo, eres y serás por siempre mi maestro. Te agradezco la conciencia, el impulso y la curiosidad de buscarle el sentido a la vida.
No sé muy bien cuál es el sentido de la vida, pero creo tener una idea: vivirla. Vivir el amor, el dolor, las altas y las bajas.
Sigo aprendiendo, aún me falta mucho camino por recorrer, pero creo tener las ganas de seguir caminando este trayecto, con todo lo que trae.
Gracias, dolor, no eres mi enemigo, eres mi eterno maestro.


amo como escribes.